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Universidad Nacional Experimental de las Artes
Venezuela


Nuestro objetivo es estimular y potenciar, desde el diálogo y la colaboración, las nuevas subjetividades descoloniales del poder popular comunitario venezolano. Apoyamos la construcción de escuelas como ejes de la recuperación de tierras y territorios comunales, que intentan trascender el latifundio, la colonialidad y el patriarcado.

domingo, 10 de enero de 2021

Tras las huellas del sapito amarillo de La Carbonera


Los días 16 y 17 de noviembre de 2020, el Grupo de Trabajo Atelopus Venezuela (así decidimos llamarnos) realizó su segunda experiencia de ecologismo y educación popular, esta vez en la Escuela Técnica Agropecuaria Robinsoniana Mistajá, ubicada en El Paramito, Municipio Campo Elías, Mérida. Cerca de 40 estudiantes recibieron la invitación de ir tras las huellas del Sapito Amarillo de La Carbonera (Atelopus Carbonerensis). Como en Cuyagua (ver), para hacer esta pesquisa nos valdremos de la  realización de una película co-producida por les estudiantes, con el apoyo del biólogo Francisco Nava (IVIC), el audiovisualista José Luis Dávila (UNEARTE) y José Luis Omaña.

El sapito amarillo, desaparecido desde 1995, se mantiene vivo en la memoria del pueblo. La película permitirá vincular a les estudiantes con el recuerdo del sapito, resguardado por las y los mayores de la comunidad. También permitirá introducirlos a la reflexión política y económica sobre la desaparición del sapito, tanto desde la perspectiva del campo de la ciencia como de la propia comunidad. Ambas perspectivas en un diálogo cara a cara.

Durante el encuentro, Francisco Nava nos introdujo al mundo de las "ranas arlequín", subrayando el caso del sapito amarillo. Compartió algunas hipótesis sobre su plausible extinción; el cambio del uso de la tierra, el cambio climático y la aparición de “enfermedades emergentes”.

Posteriormente hicimos un breve ejercicio de activación de la memoria popular, en que las y los estudiantes identificaron a las personas de la comunidad que quizás guardan el recuerdo del sapito.

La actividad culminó con un taller de iniciación al lenguaje y la producción audiovisual, siguiendo la tradición nuestramericana de hacer “cine” junto al pueblo, que, como nos enseñó el Grupo Ukumau y Glouber Rocha (entre tantes otres), puede ser una poderosa herramienta de investigación-acción-participación y educación popular.

15 jóvenes y una misma búsqueda autobiográfica y ecologista

Cuando por fin les invitamos a comenzar la investigación para hacer la película, hubo un silencio de 10 minutos. Francisco y yo, instintivamente, nos quedamos también en silencio. Al fin se alzó una voz: “ella quiere, profesor”, dijo una niña riendo y dando un pequeño empujón a su compañera de al lado. Poco a poco se fueron sumando voluntades. Al final, fueron más de quince las y los estudiantes animados.

Después de almorzar nos dividimos en dos grupos para comenzar a hacer las entrevistas. Con las cámaras de los teléfonos de las y los estudiantes (que generalmente usan para reproducir el código fármaco-pornográfico) visitamos al señor Julio, al señor Rubén y a la señora Mayi: "¿Usted recuerda el sapito amarillo de La Carbonera? Estamos haciendo un audiovisual sobre ese sapito, ¿usted sabe por qué desapareció?", eran las primeras preguntas.

La conversa hacía emerger temas sensibles como el cambio de relación con la tierra, el paso reciente de una comunidad conuquera a una sociedad determinada por el agronegocio, el uso de pesticidas, el cambio de patrones de consumo y el asfaltado de la carretera.

Al día siguiente nos volvimos a encontrar para continuar las entrevistas. De La Cuchilla a Miraflores visitamos al señor Germán, ganadero, y a Homero, viejo conuquero y pintor. Después, bajo la guía de las propias estudiantes, llegamos hasta El Suárez preguntando y hablando con la gente.

En cada casa y en cada camino, los y las estudiantes se iban apropiando de la investigación, perfeccionaban sus preguntas, buscaban respuestas más profundas o complejas, a la vez que se ejercitaban en el arte del registro audiovisual. Cada cierto tiempo parábamos para ver y evaluar lo que habíamos hecho, e intercambiábamos impresiones e ideas sobre cómo continuar.

Al finalizar la jornada, entre las nubes de una tarde decembrina a los pies del páramo El Tambor, nos comprometimos a reencontrarnos en enero. Entonces revisaremos el material, lo corregiremos y lo editaremos colectivamente. 

Cada vez estamos más cerca del sapito amarillo de La Carbonera, o al menos más cerca de su recuerdo.


viernes, 13 de noviembre de 2020

Estética más allá de la estética. Introducción



Aquí la introducción de la versión Youtube (sólo audio) del cursillo "Estética más allá de la estética en tiempo de múltiples crisis", que realizamos por WhatsApp en julio de 2020 (ver).

El cursillo tiene como objetivo introducir al problema de la estética en el mundo de hoy. Mi hipótesis es que lo que la llamada "cultura occidental" u "occidentalizada" conciben como "estética" es un peligro para nuestras vidas, pues es el resultado de separar la percepción sensible del continum de la vida, así como del proceso comunitario de trabajo (es decir, el proceso de producción y reproducción de la vida perdurable), hasta reducir lo estético al sentimentalismo egocéntrico de la subjetividad moderna/colonial, y convertirlo en una dimensión epistémica aparte. Ello justifica, entre otras cosas, la separación entre trabajo intelectual y trabajo manual, es decir, entre el campo y la ciudad, el proletariado y la burguesía, el dueño y el esclavo, las bellas artes y las artesanías, la supuesta "cultura culta" y las tradiciones, lo civilizado y lo bárbaro, lo femenino y lo masculino, etc, así como también justifica o sirve de plataforma para la racialización y la sexualización de los pueblos sometidos al régimen de la modernidad/colonialidad. 

El fin de estas disertaciones es aportar a la recuperación de nuestro estado de salud emocional y sensible a través de la comprensión crítica del concepto colonial y moderno de "estética". Ello con el fin de ponerle límites en nuestras vidas y de asignarle un nuevo rol que tendremos que inventar. 

A nuestro favor tenemos el lugar que ocupaba (y ocupa) lo estético en las culturas pre o no del todo modernas, así como en los vestigios de tradición que perviven en nuestras subjetividades contemporáneas. También tenemos nuestras capacidades resilientes de pactar con las formas simbólicas (estéticas) de la muerte que viven nuestra subjetividades, lo cual implica una política de las intimidades que será un horizonte de estas disertaciones. 

Mi intención no es hacer una estética descolonial ni de la liberación, sino re-ubicar la estética en el lugar que le corresponde, y de volver al (y reinventar el) proceso comunitario de trabajo y de reproducción de la vida perdurable como totalidad prudente y sana.

miércoles, 28 de octubre de 2020

Economía comunitaria de la complementariedad para hacer un posgrado

 

A Calderas llegué directo en una cola desde La Mucuy (Mérida). Dos días antes, la profe Leticia me encontró lugar en un carro guiado por Buda. Estudiantes de la escuela budista de Mérida se juntaron para practicar la compasión y el amor universal con un compañero de fe y conmigo. De Tabay a Altamira de Cáceres viajamos felices hablando de la felicidad. Hicimos parada en la laguna de Mucubají y en un balneario encantado del río Santo Domingo.

En Calderas me recibieron Sueño Azul Conuco Escuela y José Gregorio Briceño (Chegoyo). Durante dos meses me ofrecieron hospedaje cálido y militante. El Conuco Escuela nos brindó sus cambures y su guaje amarillo, sus chireres y tomates, su experiencia del cuidado del bosque y su visión de los tucanes y del gallito de la roca. También nos abrió las puertas a las infancias de la comunidad, a sus dibujos y sus aviones de papel, a sus baños de quebrada y a sus voces cantoras.

 


Almuerzos campesinos y cambures maduros no faltaron en nuestros encuentros de construcción del posgrado caldereño. Bien fuera en casa de Chegoyo o en la Casa Museo Comunitario Emilia Cibrian de la familia Liendo Suárez, o en casa Dafne Guadrón y Ernesto Terán, siempre aparecían el quinchoncho y la caraota negra, el chocheco y la lechuga.

También estaban las nueces asadas con arepa de maíz y cambur verde, el bledo y la lechuguina, la chicha y los germinados, la miel de panela y la guayaba negra, la batata roja y un pollo ya grandecito que un día compusimos. Todo esto proveniente de la reciprocidad y la complementariedad de un territorio, y de nuestra comunidad de aprendizaje en construcción. Sólo el pueblo salva al pueblo.

¿Cuándo en la vida un programa de estudios de cuarto nivel se instala en un pueblo como Calderas, sin siquiera contar con recurso para los pasajes de sus facilitadores? Sencillito: cuando un pueblo como Calderas lo hace posible, lo cual ha ocurrido mil veces en la historia ocultada de la educación en Nuestramérica. Pero también cuando una universidad como Unearte lo facilita, por su visión descolonial de la burocracia escolar.

Pienso, desde la acción, que con nosotres el apagón pedagógico global no la tiene fácil. Somos ágiles encontrándole grietas al sistema, incluyendo a su "plandemia", como la llama Rafael Bautista. Para nosotres, la virtualidad seguirá siendo instrumental, apenas una herramienta entre miles. Nunca un fin en sí misma.

martes, 20 de octubre de 2020

Posgrado caldereño en plena "plandemia"

Los procesos devienen. En plena "plandemia" la comunidad de aprendizaje del PNFA en Artes y Culturas del Sur de Calderas --en el piedemonte barinés-- sigue su curso. En vivo y a distancia, con las correspondientes medidas de seguridad frente al Covid 19, la comunidad de aprendizaje avanza en sus alianzas y en sus estudios.

El convite, el trueke, la mano e vuelta y la cayapa para trabajar las huertas, hacer fogones, levantar una casa, fortalecer la infraestructura de un conuco-escuela, se mezclan con el estudio de la filosofía de la liberación de Enrique Dussel, del buen vivir aymara y quichua en la voz de Fernando Huanacuni Mamani, del feminismo comunitario en la voz Lorena Cabnal, de la epistemología del Sur de Boa Santos, de la "colonialidad" tematizada por Aníbal Quijano, de la necesidad de una espiritualidad de la que habla Rafael Bautista.


Pero lo primero fue hacer juntera, cuerpo, currículo y pedagogía. La comunidad comenzó construyendo su objetivo común: concretar experiencias que fortalezcan los bienes comunes caldereños, las memorias, el cuidado de las semillas y de las tierras, las aguas y los territorios, las viviendas y los caminos, las posibilidades de autosanación, las identidades históricas de las mujeres, las dignidades de la maternidad y de las infancias.



En torno a ese objetivo común se desarrollan los proyectos: la Casa Museo Vivo y Comunitario de Teresa Suárez y su familia; el Conuco-Escuela de Sueño Azul y José Gregorio Briceño (Chegoyo) --con sus pedagogías para las reinserciones a la ruralidad--; la comprensión de las otras historias (las invisibilizadas) de la feminidad en Calderas de Zorelimar Berríos; las experiencias de la salud popular en el quehacer diario de las personas, de Nerio Lugo; la maternidad como experiencia que restituye los vínculos perdidos entre el ser humano y el cosmos de Dafne Gualdrón, la comprensión de las infancias como guías para armonizar las alteraciones de la salud de las y los adultos de Ernesto Terán; la concreción de zonas de máxima seguridad para el resguardo de la vida, partiendo de abundante alimento y abundante agua, de Lindolfo Castro, el sentido profundo de la gastrología popular, de Eduardo Godoy, y la bio-construcción de una casa-semillera y laboratorio inorgánico de Zully Montilla.

Esto está ocurriendo hoy en Calderas. Y es apenas un comienzo. Nos esperan dos años de escolaridad para concretar lo proyectado y profundizar en nuestras transformaciones, personales y colectivas.

 
 
 


jueves, 30 de julio de 2020

Video: El sapito de la resistencia



Utilizando sus “tablas” Canaima (dotadas por el Gobierno Bolivariano), niñas, niños y jóvenes de las escuelas de Cuyagua realizaron este documental, junto a sus maestras y un grupo de especialistas en ecología y artes audiovisuales. Las cámaras y las entrevistas las hicieron ellas y ellos. La edición fue colectiva. La realizamos a través de una metodología de protagonismo y participación popular para la realización de audiovisuales. El resultado es este documento, que para nosotros representa una primera acción para aprender a construir pedagogías de las esperanzas y pedagogías de la ecología junto a la comunidad de Cuyagua.

Como se ve, es un documento de autorrepresentación comunitaria. No hay guiones preelaborados por especialistas. Aquí todo se hizo colectivamente, desde el “stopmotion” de la tapa hasta decisiones específicas de “posproducción”.

La producción también fue colectiva, una suma de energías confluyentes: desde el apoyo de José Luis Dávila, audiovisualista y docente de Unearte-Mérida, hasta el apoyo de INPARQUES y el de la propia comunidad de Cuyagua, pasando por los recursos del IVIC-Mérida y la disposición militante de Francisco Nava y la nuestra.

“El sapito de la resistencia” se realizó en tres días, y se “rodó” por primera vez la noche del 12 de marzo 2020 en la pared de la iglesia del pueblo.

viernes, 24 de julio de 2020

Estética más allá de la estética en tiempos de múltiples crisis

A pesar de que nuestros principios son los del andante Simón Rodríguez, presente en cuerpo y epíritu en las comunidades más empobrecidas del sur de Nuestra América, desde el 5 de junio hasta el 24 de julio de 2020 realizamos a través de Wassapp el seminario virtual: “Estética más allá de la estética en tiempo de múltiples crisis”, con 62 partipantes de pre y pos grado de tres universidades del país (UNEARTE, UPTM, UNSR, IALA Paulo Freire), así como de movimientos sociales y comunitarios de diversos estados de Venezuela.

El objetivo del cursillo fue introducir al problema de la estética en el contexto de hoy. La hipótesis central fue que lo que la llamada “cultura occidental” u “occidentalizada” concibe como “estética” es un peligro para nuestras vidas, pues eso que llamamos "estética" es el resultado de separar nuestras “irritibilidades o vulnerabilidades sensibles” (es decir, separar el hecho croncreto de que nuestras sensibilidades responden y corresponden --productivamente-- a la presencia del mundo del cual somos parte) del continum de la vida y del proceso social y comunitario de trabajo (es decir, el proceso de producción y reproducción de la vida). Esto sucede a través de tecnologías específicas de absorción de energía psíquica-espiritual-corporal humana, para extraer de allí plusvalía ideológica y ponerla al servicio de la reproducción del capital.

Estas tecnologías reducen lo estético al sentimentalismo egocéntrico de la subjetividad moderna-colonial, hasta convertirlo en una dimensión epistémica aparte. Ello justifica, entre otras cosas, la separación entre trabajo intelectual y trabajo manual, que es también las separaciones clásicas entre lo rural y lo urbano, el proletariado y la burguesía, el dueño y el esclavo, las bellas artes y las artes menores o artesanías, la supuesta cultura culta y las tradiciones populares, lo civilizado y lo bárbaro, etc. Pero también homogeneiza estas separaciones en un modelo estandarizado-esteticista de subjetividad basado en la unión de falsas diversidades culturales, epistémicas, espirituales, etc; lo cual también justifica o sirve de plataforma para la racialización y la sexualización de los pueblos sometidos al régimen moderno/colonial/patriarcal.

El fin de estas disertaciones es reconstruir procesos de salud cosmo-comunitaria y personal, comprendiendo críticamente las formas en que la llamada “cultura occidental” u “occidentalizada” ha construido su nociva noción de estética, con miras a ponerle límetes en nuestras vidas y asignarle un nuevo rol que tendremos que inventar. A nuestro favor tenemos el lugar que ocupaban y ocupan el placer y el deseo en pueblos pre modernos o no del todo modernizados, así como en vestigios de tradiciones populares que perviven en nuestras subjetividades modernizadas/colonizadas/patriarcalizadas.

La hoja de ruta del cursillo abarcó los siguientes asuntos:

1) Introducción y explicación del cursillo. Lugares de enunciación y marco categorial.

2) Esa cosa específica que llamamos “estética”. Revisión general de lo que en los mundos hegemonizados por el Eje Atlántico Norte y sus regiones de influencia denominan “estética”.

3) Esa cosa universalizada que llamamos “estética”. Historización transhistórica de lo que el Eje Atlántico Norte y sus regiones de influencia llaman “estética”.

4) Estética hasta en la sopa. De la estetización de la vida --como objetivo biopolítico del proyecto civilizatorio del Eje Atlántico Norte-- a la hiperestetización de la vida.

5) ¿Por qué es importante estudiar estética? Es posible acostumbrarnos a identificar, comprender y limitar los funcionamientos reales de la estética en la cotidianidad de nuestras vidas.

6) Al menos dos opciones para la estética: a) la estética puede salir de sí misma y dejar de ser un peso en nuestras vidas; b) podemos asignarle u nuevo rol a la estética.

Estos 6 asuntos fueron desarrollados de la siguiente forma: cada uno fue desglosado en grupos de 11 a 15 audios Wassapp de entre 5 y 9 minutos por audio. Cada grupo de audio se compartía en una frecuencia de una vez por semana, durante 6 semanas. Una vez cargado los audios, se daba pie a un debate guiado. Así hasta abarcar todos los contenidos. Finalizamos con un espacio de debate y coevaluación que duró dos semanas.

Esta experiencia de intercambios educativos viruales, que apenas estamos empezando a experimentar, tiene, para mí, los siguientes resultados:

1) Que en plena pandemia, y en plena guerra contra el pueblo venezolano, logramos una relación virtual con más de cincuenta personas de distintos estados de Venezuela: Mérida, Portuguesa, Distrito Capital, Barinas, Nueva Esparta, Anzoátegui, Barquisimeto, lo cual permitió el intercambio de ideas entre personas que en muchos casos no se conocían.

2) Se logró cierto nivel de profundidad en los intercambios con algunxs de lxs participantes, intercambios muy limitados por la la naturaleza del medio (Wassapp) y por la imposibilidad del encuentro físico.

3) La combinación pandemia-redes virtuales me permitió organizar sistemáticamente una serie de ideas sobre el problema de la “estética en el mundo occidentalizado”, producto de conversaciones con mucha gente a lo largo de muchos años. Además, la coyuntura me permitió lograr esto con un alcance nacional.

4) El medio y la manera de trabajar los asuntos abordados alcazó a estimular una participación fluida del 50% (aprox) de las y los participantes del grupo. Ello quizás porque el tema pareció demasiado especializado, lo cual resulta, para mi acción docente, una limitación a superar.

Concluyo insistiendo en la necesidad de que las redes virtuales y sus tecnologías sean apenas herramientas y no los escenarios privilegiados de encuentros humanos. Son tecnologías muy útiles si les damos su lugar instrumental. Nosotros nos negamos a convertir las herramientas educativas en los fines de la educación. No podemos permitir que los medios del capitalismo cognitivo se conviertan en “paideia”. Nos negamos a engrosar las filas del capitalismo cognitivo y universitario, y nos sumamos a las voces que desde hace años vienen denunciando el “apagón pedagógico global”, que hoy con la pandemia del Covid-19 pareciera estar concretándose en nuestras vidas cotidianas.



(Imágenes tomadas de Wassapp el 20 de julio de 2020)

viernes, 15 de mayo de 2020

El sapito de la resistencia




Franciasco Nava, trabajador del IVIC-Mérida, es un biólogo extraño. Ha logrado trascender el fetichismo de la especie que estudia, propio de las Facultades de Biología de nuestras universidades dependientes. Dice que el sapito rayado de la cordillera de la costa (Atelopus cruciger) [1] es un bioindicador de las relaciones de producción y reproducción de la vida de los pueblos. Su tesis es que el sapito sobrevive en Cuyagua, Cata y Chuao (del Estado Aragua de Venezuela) gracias a las estrategias de cuidado y protección de las tierras, las aguas y la biodiversidad de estas comunidades: gracias a la persistencia de una economía conuquera y una ecología corresponsable. En el resto de la cordillera de la costa venezolana el sapito no ha corrido con la misma suerte. A filo de su extinción, sólo sobrevive en los nombrados pueblos del Estado Aragua.

Con Francisco estuvimos en Cuyagua entre los días 8 y 12 de marzo de 2020. Nos acompañó José Luis Davila, audiovisualista y profesor de la Unearte-Mérida. Con ellos hicimos un breve e incipiente trabajo de educación popular para una ecología del oprimido en la Unidad Educativa Nacional Cuyagua y en la Unidad Educativa Estatal Concentrada Cuyagua. A la par, realizamos un primer encuentro de solidaridad con las acciones de resguardo y protección popular de las y los cooperativistas de la Hacienda de Cacao.

Las premisas de nuestro trabajo fueron: 1) promover la revisión de contenidos para la soberanía del “territorio cuerpo y el territorio tierra”[2], a través del re-conocimiento popular de Atelopus cruciger como bioindicador sociocultural, y 2) hacer un aporte a las estrategias de autorrepresentación simbólica de las y los estudiantes de las unidades educativas, con un enfoque de resguardo de la biodiversidad.

Como metodología de abordaje y vinculación propusimos a las maestras que las y los estudiantes produjeran un pequeño audiovisual con el título: “El sapito de la resistencia”. El audiovisual sería planificado, grabado y editado por los propios estudiantes. Para ello contamos con el apoyo de las maestras, directivas, obreras y trabajadoras administrativas de las escuelas, así como con el apoyo de trabajadoras y trabajadores de INPARQUES. También contamos con el hecho de que el Gobierno Bolivariano, a través de la Zona Educativa del Estado Aragua, recientemente dotó de “tablas Canaima” a TODAS Y TODOS los estudiantes de básica y media general de Cuyagua.

Nuestro trabajo comenzó con una exposición pedagógica sobre la sobreviviencia de Atelopus cruciger, que hicimos en forma de dramatización. Francisco, José Luis, el guarparques Contreras, la Guardaparques María Zapata y yo representamos una escena clásica de despojo comunitario y exterminio ecológico a manos de los agentes más poderosos de la modernidad. Un gringo le paga a un citadino para que convenza a un local de establecer en Cuyagua un megaproyecto hotelero. El local, que se niega a venderse y a vender a su pueblo, es amenazado de muerte por el citadino. Luego, en un sueño, a ambos se les aparece el sapito (representado por Francisco) que explica su suerte: les cuenta cómo es y cómo y dónde vive, y que ha desaparecido de toda la cordillera de la costa salvo en Cuyagua, Cata y Chuao gracias a las costumbres de las y los pobladores, amantes de la naturaleza y la libertad. Al despertar del sueño, el sapito y el local se alían contra el gringo. Ambos terminan trabajando el conuco juntos y diciendo a viva voz: “nuestras costumbres y nuestra naturaleza valen más que tus simples dólares”.

 

A continuación facilitamos la realización de un mapeo colectivo para la identificación espacial de algunos elementos y sujetos de riesgo y protección de Atelopus cruciger, incluyendo a “guardianes de la memoria” y de las costumbres cuidadoras del sapito y del pueblo. Esto nos permitió sentar las bases para un plan de trabajo con miras al rodaje del audiovisual. Al día siguiente, los elementos del mapeo se transformaron en preguntas generadoras, los guardianes de la memoria se convirtieron en entrevistados, y las y los estudiantes en entrevistadores. Así contamos con todos los elementos para una “autoetnografía popular” con enfoque de “ecología del oprimido”. Cámara en mano, y con voluntad de investigación, acción y participación, las y los estudiantes se abocaron a su labor etnográfica.

La actividad, que duró tres días y contó con la participación de más de 60 estudiantes y cinco maestras, culminó en un breve ejercicio de edición participativa y de familiarización con las lógicas y los softwares de edición audiovisual. De ello devino la necesidad de hacer algunas tomas faltantes y de realizar una animación del sapito para la tapa del audiovisual. Para esto último, implementamos un pequeño taller de animación stopmotion de tres horas de duración.

En la noche del tercer día, en la pared de la iglesia del pueblo y a “sala llena”, estrenamos la película “El sapito de la resistencia”.

A todas luces, y como nos dijo Francisco de regreso a Mérida, Atelopus cruciger es un bio-indicador de los poderes creadores del pueblo, y de su insistencia histórica en la liberación de sus tierras y territorios. “Y la escuela” —dije yo en tono rodrigueano— “es la barricada más poderosa y vulnerable de esa insistencia”.



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[1] El mismo del billete de cinco bolívares.
[2] Al decir de las feministas populares de Guatemala, en las palabras de Lorena Cabnal