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Universidad Nacional Experimental de las Artes
Venezuela


Nuestro objetivo es estimular y potenciar, desde el diálogo y la colaboración, las nuevas subjetividades descoloniales del poder popular comunitario venezolano. Apoyamos la construcción de escuelas como ejes de la recuperación de tierras y territorios comunales, que intentan trascender el latifundio, la colonialidad y el patriarcado.

domingo, 21 de marzo de 2021

Artes, cultura y agroecología junto al IALA Paulo Freire



El 2 de marzo del 2021, en el Instituto Latinoamericano de Agroecología (IALA) Paulo Freire, sostuvimos una conversación sobre el tema "artes, cultura y agroecología" con Yuleidis Vargas, Wilson Torres, Samuel Delgado, Daniel Salcedo (todxs estudiantes del IALA), el profesor Enrique González (profesor del IALA) y José Luis Omaña (profesor de Unearte). WiIlson y Yuleide están adentrándose en sus "observancias". Wilson está enfocándose en hacer animación comunitaria para conformar una red campesina agroecológica, con miras a promover y activar un mercado agroecológico desde el IALA junto a la comunidad de Peña Larga. Yuleidis quiere trabajar junto a las familias del Molino y Peña Larga los asuntos de la cultura, el pensamiento y la acción en la vida campesina. Ella habla de hacer filosofía campesina.

El profesor Enrique nos propuso una pregunta generadora para comenzar la conversa: ¿cuáles son las relaciones explícitas e implícitas entre agroecología, cultura y el arte? Esto nos llevó a pensar sobre las palabras que conforman la pregunta. Comenzamos por "agroecología". ¿Qué entendemos por esta palabra? Al parecer "la agroecología tiene que ver con la cultura campesina", dijo alguien. ¿Y qué es la cultura?, nos preguntamos. Son las maneras de trabajar y de vivir, son costumbres, cosas que hacemos todo el tiempo, dijimos. En las familias campesinas, al parecer, esas "cosas que hacemos todo el tiempo" no se realizan de modo mecánico o rutinario-impuesto, ni con fines mercantiles. Son cosas que se hacen (costumbres) con sentimiento, con amor, sin que nadie les mande, como ordeñar y cantar. Y ese sentimiento y ese amor tiene que ver con la subjetividad y con la espiritualidad. ¿Y qué constituye una espiritualidad y una subjetividad así, cuáles serán sus contenidos, de qué se llenarán? ¿Y dónde se ve lo espiritual, dónde ocurre? En el deseo, las creencias, las aspiraciones, las expectativas de vida ¿Cómo se concreta eso? ¿Dónde se ve la espiritualidad?

Estas últimas preguntas nos hicieron regresar al inicio, porque nos dijimos que las creencias y los deseos --que son los resortes últimos de la espiritualidad-- se concretan o acontecen en las acciones que hacemos todos los días. Así, si todos los días yo uso agroquímicos o aspiro y espero usar agroquímicos para "manejar" la siembra, entonces mi espiritualidad está llena de capitalismo. Pero si yo todos los días realizo acciones agroecológicas de manera integral con todas las comunidades de existentes, o si aspiro a usar menos agroquímicos y tengo expectativas de vida agroecológica o conuqueras, entonces mi espiritualidad estará llena de una metafísica conuquera y agroecológica integral.

Esto quiere decir que es en las acciones donde se realiza la espiritualidad. Es allí donde podemos observar los verdaderos contenidos de nuestra subjetividad y espiritualidad, más allá de lo que decimos.

Esas acciones son como una especie de rito o de culto a la espiritualidad en la que en verdad creemos (que no siempre es la misma en la que decimos creer).

Y la palabra culto es importante en agroecología, porque está presente en la palabra "agricultura", entendida como culto a la tierra, es decir, acciones cotidianas de agradecimiento, gestos, palabras que cuidan la tierra y la vida, y que se vinculan con la tierra entendiéndola como una subjetividad consciente. La espiritualidad de alguien que actúe así todos los días y en cada momento de su vida, estará llena de la subjetividad consciente de la propia tierra.

La palabra "agricultura" está vinculada a la palabra cultura. Pero ocurrió que la palabra cultura fue fetichizada, dislocada, separada de su vínculo original con la tierra. Esa separación la hicieron las oligarquías de todos los tiempos para dominarnos, para extraer y robar nuestra energía de vida y enriquecerse a costas de ella.

Esta fetichización de la palabra cultura ocurrió a través del robo de otra palabra clave para las oligarquías, la palabra "artes". En sus orígenes, esta palabra quería decir "técnica", pero fueron los primeros burgueses y banqueros europeos los que la asociaron únicamente con la arquitectura, la pintura, la música, la danza, el teatro y la literatura al servicio de las identidades políticas del capitalismo mundial emergente. Identidades que tienen que ver con la espiritualidad de la burguesía, que utilizó (y también se robó y desarrolló a su manera) estas "artes" para su propio beneficio.

Pero en sus orígenes muy antiguos, que podemos rastrear hasta el África de 40 mil años atrás, esa palabra se utilizaba para nombrar la "acción de saber hacer bien algo necesario para la vida". De modo que saber hacer bien algo es hacerlo con arte.

En la reunión planteamos que este concepto antiguo del arte puede ser rescatado y resignificado por la agroecología y el conuco. Desde las filosofías del IALA Paulo Freire podríamos definir el arte como "saber hacer bien lo que se necesite hacer para el bien común de todas las comunidades de existentes del planeta". De modo que lo no artístico sería aquello que, aunque aparentemente esté bien hecho o aquello que aparentemente se sepa hacer bien, no sirve para hacer el bien a todas las comunidades de existentes sino sólo a algunas, las privilegiadas. Son artes que le hacen mal a la vida. Así que "técnica" (saber hacer bien para favorecer la vida plena de todos los existentes) y ética (hacer el bien) estarían necesariamente involucradas en este concepto del arte.

Así pues, la agroecología es un arte cuando se realiza imbuida del espíritu de la tierra como conciencia y subjetividad. Y las acciones artísticas agroecológicas serán las que rindan culto a la tierra como origen y posibilidad de existencia de la vida plena de todo lo que hace posible la totalidad de la vida.

El conocimiento como acción



Aprender no es acumular. El aprendizaje no es un recurso. Aprender es la posibilidad misma de aprender. Cuando esa posibilidad, cuando esa posibilidad es provocada, invocada, facilitada, entonces el aprendizaje sucede. Aprender es una acción: acontece, está aconteciendo como lo posible. Aprender no es tener conocimiento, porque el conocimiento no se tiene, se hace, se construye. Cuando alguien aprende es porque ha entrando en la posibilidad de un hacer determinado ante el cual se encuentra. Si aprendo a hacer una huerta, es porque me sumé a los múltiples comportamientos posibles que devienen del trato con la huerta, su materialidad y su espiritualidad. Aprender es cultivar las ganas de vivir.

sábado, 20 de marzo de 2021

Pedagogía de la morera


"A él no le gusta escribir", me decían en la escuela. "Escribir es muy arrecho", me decía él. Un día nos dimos cita en la casa circular, en la Mucucy, y vio la morera cargada. Se encaramó como ardita y bajó todas las frutas que pudo. Ahí me di cuenta que el maestro no sería yo. Entonces buscamos hojas reciclables (las únicas que hay, ¿pa qué más?) y nos sentamos bajo el árbol de morera. Él se encaramó de nuevo y regresó con un cargamento de frutas. "Mira lo que se puede hacer con esas moreras", le dije, y empecé a pintar palabras con el pigmento de la mora. Entonces el niño, a quien supuestamente no le gustaba escribir, empezó a construir palabras con las mismas ganas con las que se iba comiendo cada fruta. El arbolito de morera fue nuestro maestro.


 

Foro: La Comuna como Escuela


El 21 de diciembre del año 2020 fuimos parte del foro: "La comuna como escuela" realizado y transmitido en Radio Raíz en la ciudad de Mérida. "Para nosotres el debate es amplio, por ello ponemos este granito de arena, que no pretende iniciar, ni cerrar nada, todo lo contrario, pretende dar continuidad a una discusión que se mantiene viva en NuestrAmérica, y que se alimenta de los sueños de quienes pretenden construir un mundo nuevo." (tomado de http://epccasadelcosturero.blogspot.com/)

Foro 1: Experiencias históricas de la escuela: resistencias y pedagogías en América latina.
Modera: Carlos Rivas.
Ponentes:
Leticia Rojas.
José Luís Omaña

Enseñar a aprender

La educación popular se basa en enseñar a aprender. El maestro no es quien dice que hay que aprender, ni el que dice qué hay que aprender o cómo hay que aprender. El maestro es quien enseña a aprender. Esto sólo es posible porque el maestro ha aprendido a aprender, lo cual quiere decir que su "aprender" es activo, dinámico, no acabado. Y esta dinamicidad, en tanto potencia de vida, es lo que enseña.

Serie YouTube: "Aprender a aprender"

Aprender a aprender es uno de los conceptos más importantes de Simón Rodríguez. Está en la base de su andar y su pensar educativo. Significa disposición a lo desconocido, apertura a lo desconocido, que en última instancia significa "apertura a la relación", o a la relación de relaciones interdependientes de las que hablaba Robinson. Y esto es lo que le da sentido a la educación popular: el hecho de que se puede "enseñar a aprender".

martes, 9 de marzo de 2021

Agroecología, cultura y arte



El 2 de marzo del 2021, en el IALA Paulo Freire, sostuvimos una conversación sobre el tema "arte y agroecología" con Yuleidis Vargas, Wilson Torres, Samuel Delgado, Daniel Salcedo (todxs estudiantes del IALA), el profesor Enrique González (profesor del IALA) y José Luis Omaña (profesor de Unearte). WiIlson y Yuleide están adentrándose en sus "observancias", que es un  marco categorial en pleno desarrollo por la comunidad del IALA. Wilson está enfocado en hacer animación comunitaria para conformar una red campesina agroecológica, con miras a promover y activar un mercado agroecológico desde el IALA junto a la comunidad de Peña Larga. Yuleidis quiere trabajar junto a las familias del Molino y Peña Larga los asuntos de la cultura, el pensamiento y la acción en la vida campesina. Ella habla de hacer filosofía campesina.

El profesor Enrique nos propuso una pregunta generadora para comenzar la conversa: ¿cuáles son las relaciones explícitas e implícitas entre agroecología, cultura y el arte? Esto nos llevó a pensar sobre las palabras que conforman la pregunta. Comenzamos por "agroecología". ¿Qué entendemos por esta palabra? Al parecer "la agroecología tiene que ver con la cultura campesina", dijo alguien. ¿Y qué es la cultura?, nos preguntamos. Son las maneras de trabajar y de vivir, son costumbres, cosas que hacemos todo el tiempo, dijimos. En las familias campesinas, al parecer, esas "cosas que hacemos todo el tiempo" no se realizan de modo mecánico o rutinario-impuesto, ni con fines mercantiles. Son cosas que se hacen (costumbres) con sentimiento, con amor, sin que nadie les mande, como ordeñar y cantar. Y ese sentimiento y ese amor tiene que ver con la subjetividad y con la espiritualidad. ¿Y qué constituye una espiritualidad y una subjetividad así, cuáles serán sus contenidos, de qué se llenarán? ¿Y dónde se ve lo espiritual, dónde ocurre? En el deseo, las creencias, las aspiraciones, las expectativas de vida ¿Cómo se concreta eso? ¿Dónde se ve la espiritualidad?

Estas últimas preguntas nos hicieron regresar al inicio, porque nos dijimos que las creencias y los deseos --que son los resortes últimos de la espiritualidad-- se concretan o acontecen en las acciones que hacemos todos los días. Así, si todos los días yo uso agroquímicos o aspiro y espero usar agroquímicos para "manejar" la siembra, entonces mi espiritualidad está llena de capitalismo. Pero si yo todos los días realizo acciones agroecológicas de manera integral con todas las comunidades de existentes, o si aspiro a usar menos agroquímicos y tengo expectativas de vida agroecológica o conuqueras, entonces mi espiritualidad estará llena de una metafísica conuquera y agroecológica integral.

Esto quiere decir que en las acciones es donde se realiza la espiritualidad. Es allí donde podemos observar los verdaderos contenidos de nuestra subjetividad y espiritualidad, más allá de lo que decimos.

Esas acciones son como una especie de rito o de culto a la espiritualidad en la que en verdad creemos (que no siempre es la misma en la que decimos creer).

Y la palabra culto es importante en agroecología, porque está presente en la palabra "agricultura", entendida como culto a la tierra, es decir, acciones cotidianas de agradecimiento, gestos, palabras que cuidan la tierra y la vida, y que se vinculan con la tierra entendiéndola como una subjetividad consciente. La espiritualidad de alguien que actúe así todos los días y en cada momento de su vida, estará llena de la subjetividad consciente de la propia tierra.

La palabra "agricultura" está vinculada a la palabra cultura. Pero ocurrió que la palabra cultura fue fetichizada, dislocada, separada de su vínculo original con la tierra. Esa separación la hicieron las oligarquías de todos los tiempos para dominarnos, para extraer y robar nuestra energía de vida y enriquecerse a costas de ella.

Esta fetichización de la palabra cultura ocurrió a través del robo de otra palabra clave para las oligarquías, la palabra "artes". En sus orígenes, esta palabra quería decir "técnica", pero fueron los primeros burgueses y banqueros europeos los que la asociaron únicamente con la arquitectura, la pintura, la música, la danza, el teatro y la literatura al servicio de las identidades políticas del capitalismo mundial emergente. Identidades que tienen que ver con la espiritualidad de la burguesía, que utilizó (y también se robó y desarrolló a su manera) estas "artes" para su propio beneficio.

Pero en sus orígenes muy antiguos, que podemos rastrear hasta el África (y específicamente Etiopía) de 40 mil años atrás, esa palabra se utilizaba para nombrar la "acción de saber hacer bien algo necesario para la vida". De modo que saber hacer bien algo es hacerlo con arte.

En la reunión planteamos que este concepto antiguo del arte puede ser rescatado y resignificado por la agroecología y el conuco. Desde las filosofías del IALA Paulo Freire podríamos definir el arte como "saber hacer bien lo que se necesite hacer para el bien común de todas las comunidades de existentes del planeta". De modo que lo no artístico sería aquello que, aunque aparentemente esté bien hecho o aquello que aparentemente se sepa hacer bien, no sirve para hacer el bien a todas las comunidades de existentes sino sólo a algunas, las privilegiadas. Son artes que le hacen mal a la vida. Así que "técnica" (saber hacer bien para favorecer la vida plena de todos los existentes) y ética (hacer el bien) estarían necesariamente involucradas en este concepto del arte.

La agroecología es un arte cuando se realiza imbuida del espíritu de la tierra como conciencia y subjetividad. Y las acciones artísticas agroecológicas serán las que rindan culto a la tierra como origen y posibilidad de existencia de la vida plena de todo lo que hace posible la totalidad de la vida.

martes, 2 de marzo de 2021

Esa cosa específica que llamamos estética


Aquí la primera parte ("Esa cosa específica que llamamos estética") de la versión Youtube (sólo audio) del cursillo "Estética más allá de la estética en tiempo de múltiples crisis", que realizamos por WhatsApp en julio de 2020 (
ver).

El cursillo tiene como objetivo introducir al problema de la estética en el mundo de hoy. Mi hipótesis es que lo que la llamada "cultura occidental" u "occidentalizada" conciben como "estética" es un peligro para nuestras vidas, pues es el resultado de separar la percepción sensible del continum de la vida, así como del proceso comunitario de trabajo (es decir, el proceso de producción y reproducción de la vida perdurable), hasta reducir lo estético al sentimentalismo egocéntrico de la subjetividad moderna/colonial, y convertirlo en una dimensión epistémica aparte. Ello justifica, entre otras cosas, la separación entre trabajo intelectual y trabajo manual, es decir, entre el campo y la ciudad, el proletariado y la burguesía, el dueño y el esclavo, las bellas artes y las artesanías, la supuesta "cultura culta" y las tradiciones, lo civilizado y lo bárbaro, lo femenino y lo masculino, etc, así como también justifica o sirve de plataforma para la racialización y la sexualización de los pueblos sometidos al régimen de la modernidad/colonialidad. 

El fin de estas disertaciones es aportar a la recuperación de nuestro estado de salud emocional y sensible a través de la comprensión crítica del concepto colonial y moderno de "estética". Ello con el fin de ponerle límites en nuestras vidas y de asignarle un nuevo rol que tendremos que inventar. 

A nuestro favor tenemos el lugar que ocupaba (y ocupa) lo estético en las culturas pre o no del todo modernas, así como en los vestigios de tradición que perviven en nuestras subjetividades contemporáneas. También tenemos nuestras capacidades resilientes de pactar con las formas simbólicas (estéticas) de la muerte que viven nuestra subjetividades, lo cual implica una política de las intimidades que será un horizonte de estas disertaciones. 

Mi intención no es hacer una estética descolonial ni de la liberación, sino re-ubicar la estética en el lugar que le corresponde, y de volver al (y reinventar el) proceso comunitario de trabajo y de reproducción de la vida perdurable como totalidad prudente y sana.